Hochelaga
Una risa macabra recorre todas mis entrañas, es el intenso sentimiento de la rabia. La rabia acaba por romper el tronco, el hacha en la mano, la sangre, los cogotes, los pollos, los patos, el mal olor.
La venganza que deja de ser alimento. Qué tienes en estos días de inútil pasar pura conciencia desintegrada en mierda.
Una risa maricona, de poeta. Esa mirada de desagrado, de estupidez. Cómo se puede navegar entre inútiles y dependientes. Salir a golpear todos los árboles, cortar todas sus hojas, resistir la respiración, golpearse la cara, arañárselas si deseas.
Patear un esquizofrénico en el metro o esconderle su hedionda frazada. Cuerpos perfectos en barro, amoldados en pelos y en formas de bala.
¿Eso afecta a mi conciencia? La pura verdad es tristeza. Un asiento de metro vacío, el espacio que recorren las plantas y una ardilla descendiendo de un árbol.
Me encierro por horas en el baño, escucho ahora la guitarra que se escapa de todo control. Quiero desaparecer, alimentar la herida, morder la fruta, acariciar el cabello, romper los huesos, apretar los dientes.
¿Qué carajos quieres de mí? Un refresco en medio de la nada. Una herida en el vientre, ¿sal? El mar completo si quieres con las olas, y el vaso que rebota en la mesa, se cae el vino, nos deleitamos con su belleza.
Son recetas de plano a plano, costas sin sentido, mujeres de la nada, que te controlan y te abusan.
Son dos pasos, un retroceso, una cama y un olvido. Puede ser siempre un mal pasar, un mal gusto en la boca, el labio partido. La risa nerviosa, los ojos rojos, la mala memoria, la felicidad infinita.