Música
Encuentras una vieja playlist y la literatura de inmediato viene a ti, como un bicho venenoso que te recorre las entrañas.
Besos y adioses, nada nuevo en el frente y todo adquiere una normalidad alejada de los estados de ánimo que habitualmente tenías en esa época del año. Quizás un poco jubilosa, quizás demasiado zen.
Imaginas que escribes un libro sagrado budista. Uno acerca del vacío. Luego lo vas imaginando como una serie de capítulos:
1.- La Mente
2.-1 La Vigilancia
3.- La Ira
4.- La Felicidad
“No hay fuego como la pasión, no hay tiburón como el odio”. Así partirías diciendo en alguno de los capítulos, más otros sumados hasta completar la totalidad de capítulos que contenía esa pequeña versión de bolsillo.