Santiago

Veo un arca llena de cadáveres. Van en pleno olvido, nadie los rescatará. - ¿Fueron felices? me preguntas- yo respondo: sin timón y en el delirio. 

Creo que, sin embargo, mientras camino por la aridez de este desierto- ¿Dices?, no, no lo sé. 

Septiembre entrará en el olvido y te marcharás… nuevamente. Miro caer el sol desde un puente del Parque Forestal. Recordar que ella ya no existe más. 

Pienso en el otoño, en Rubén Darío, en sus mitos –en todos sus mitos- ¿a cuántos libros de distancia te alejaste? Cuentos de Chejov, rusos como el invierno. 

Una cabeza gigante en el cuarto de María Quijada que le explica cómo llegar a la ciudad. Los cuervos miran la tumba de mi abuelo. Quedó en tierra y nunca más vio el mar, los campos, el paraíso.

 Retiro de a poco los ojos de mi cara, los ubico sobre la mesa. Siento caer la sangre caliente sobre mis mejillas y la tibieza de la madera en mis ojos. 

Se me nubla la visión, despierto. Recuerdo tu pelo negro y te beso la mejilla. Un disco de Massive Attack y una bolsita de Jack Herer. Bombo y caja. Una voz femenina, suave como el delirio, arqueada, galáctica, universal [1].


Notas al pie:

[1] Este podría ser el inicio de un guión literario para un falso documental sobre poesía migratoria o simplemente poesía. Elija usted. Es la libertad que uno encuentra en el arte, no simplemente la belleza. ¿Es parte de un debate literario? Claro que sí. De hecho, la idea parte en una conferencia que Bolaño concedió en Viena titulada Literatura y exilio. En ese texto saca a colación a Nicanor Parra y el viejo y aburrido debate sobre quiénes son los 4 grandes poetas de Chile: Neruda, De Rokha, Mistral, Huidobro o Parra (ya son 5). Este último, se sumó al debate y propuso que Los cuatro grandes poetas de Chile / son tres / Alonso de Ercilla y Rubén Darío. Ahí uno ingresa a un artefacto superior, destinado a solucionar una de las grandes preocupaciones de los escritores: la posteridad. No por nada, 2666 tiene 1.125 páginas. Bajo esa óptica hay un claro cuidado para la sobrevivencia. Lo que es seguro, en todo caso, es que a pesar que uno está muerto y el otro aún vive en Las Cruces, ambos gozarán de buena salud en la literatura universal. Pero, volvamos al documental y la historia de Ercilla y Darío. El español llegó a Chile cuando aún era colonia española y el ejército imperial mantenía una extensa guerra con los mapuche, ahí nace La Araucana uno de los pocos poemas épicos que existen en el mundo. ¿No me crees? Hay un estatua frente al Parque O’Higgins que fue esculpida por un catalán y fue un regalo de España en el centenario de Chile. En el 2010 un grupo de artistas se reunió bajo la dirección del poeta mapuche Jaime Huenún y reescribieron La Araucana de Ercilla y quiero compartir un verso de ese libro: “Los cuerpos siguen su viaje aunque hayan sido privados de vida: esto dice Ercilla cuando habla de las personas que mueren antes de caer al suelo” del poeta Julio Carrasco. Es decir, el movimiento continúa a pesar de que termine la vida. ¿Se puede filmar ese movimiento y todas las repercusiones que provoca?. En el caso de Darío, su historia es cinematográfica. El poeta nicaragüense llegó a Santiago y se trasladó a Valparaíso y escribió Azul, libro que es considerada la obra más relevante del modernismo hispanoamericano. Luego siguió su viaje por una infinidad de países. La idea de este guión tiene mucho de eso, pensar la poesía en un constante movimiento. 

Hugo Oviedo Pino

Poeta no publicado / amante de los idiomas / viajero en retorno / librero en construcción / post-periodista / ex profesor /
Temuco, Chile